Víspera de Corpus y huelo los tomillos, los cantuesos, hinojos y romeros serrín y sal teñidos devotos que perfuman mi memoria. Víspera de Corpus y veo mi calle de niño donde tremolan gallardetes de colores eucarísticos: rojo sangre, blanco pan, oro viejo la fe de siempre. Víspera de Corpus y pienso qué dificil es hoy entender la sustancia de una fiesta donde se hace Palabra el Pan de veras y se come, y se mastica, y sacia; qué dificil es hoy anunciar la Presencia del relato en la historia, pero sin teatro porque es ahora, ocurre aquí, como entonces, sobre ara; qué dificil es hoy cantar a boca llena (tamtum, pange) cuando nada nos entra en la boca del alma, hastiados, acedos, apóstatas. qué bello es el Corpus, y qué dificil. Vísperas de Corpus y al menos aun queda una salva que truene, un exorno, un arco y un altar por erigir en gloria del Sacramento: servir a Cristo en el sacramental del pobre, Corpus de caridad, vivo y verdadero.
Vivimos ajenos al morir y, sin embargo, morimos cada día un poco, con lo que ayer fue y dejó de ser, con lo que ya no tenemos entre las manos, con lo que hemos sido y vamos arrastrando. Cuando uno se encuentra con la muerte de frente, sin apartar la mirada, lo que descubre en un inmenso vacío de la persona amada, del amigo o del familiar. Un vacío pleno, porque durante los primeros días del duelo, todo te recuerda la ausencia, todo es tener presente que no está ya más, y más ya no estará como nosotros lo tuvimos. Eso, precisamente esa ausencia presente, es lo paradójico de la muerte. Dicen los modernos que alguien no termina de morir del todo mientras se le recuerde ( Coco , preciosa película que acusa de asesinos a quien sufra alzheimer) y, aunque tenga cierta verdad encerrada en su mentira, no rebaja la expectativa que late en nuestro dolor: que no es posible, que no ha sido un sueño, que aunque se fueron están, porque son, y porque nunca dejarán de ser. Porque participan del...
Parece que se ha convertido en una tradición volver al año por estos lares. En fin, mis propósitos y yo, como si no me conociera... He querido huir del pensamiento rápido y la reacción inmediata de tuiter para poder volver al blog, a este vertedero de ideas, diario público y desahogadero mental (sobre todo, después del Sínodo). Sí, otra vez: un sínodo que nos trae de cabeza. Papeles, conclusiones huecas, pequeños pasos para avanzar en dirección contraria... ya nos lo sabemos. Pero esta vez, además, idolátricas muestras de respetos humanos. Vamos, para amargarle a uno el domingo por la noche, ¡domingo de Cristo Rey en el usus antiquor ! Huyendo del ruido me sumergí en la antología Dios en la poesía actual , que bendita sea la hora, publicó Rialp en la colección Adonáis (miel, guinda y crema). Fuí como una vulgar avestruz, y salí como un guerrero de su alcoba , porque la poesía es arma de doble filo (el terreno y el eterno) y arroja verdad y belleza sobre cuanto toca. Vamos, que ...
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