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Miércoles 19... ¡san José!

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Yo le tengo mucha ley a san José. Y devoción más todavía. A la Madre Maravillas le gustaba celebrar todos los 19 a san José -un cumplemés-, con algún caramelito que ella le obsequiaba: un retiro, una mortificación (perdón, quise decir vivificación), un convento... Yo, si me acuerdo, también me gusta hacerle un detallito. Hoy le encendido una lámpara ante su imagen en la parroquia. Así, cuando la gente llegue esta tarde para Misa, se le irán los ojos un poquillo hacia esa mirada de Padre y muy Señor mío que tiene desde su altar. ¡Padrazo! A san José le pido de todo, porque todo lo da, si conviene. Lo más gracioso me ocurre con buscar aparcamiento. Cuando llego cansado de algún viaje largo, cuando voy con prisa, 'Sanjo' tiene la inmensa caridad de ser amable conmigo... aunque yo no lo sea con los demás. Es lo que tiene Dios -y los santos por su gracia-, que no son rencorosos. Yo, cuando lo pienso, me emociono, y me ruborizo espiritualmente de que me pague con tanto sale...

Suficiencia y heroísmo

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A la Virgen no le gusta que me sienta satisfecho. Es signo de que ya está todo hecho: satis facere , y por eso es un pecado capital: pereza, soberbia y alguno más que seguro que sale por medio, como las hierbecillas intrépidas que brotan en cualquier brecha del muro, y terminana haciendo un agujero. Quedarse satisfecho es rodar cuesta abajo. En cuestiones de fe, nadie se puede dar por satisfecho. ¡De obras menos, claro! Pero de doctrina, de enseñar la doctrina de la Iglesia, de comprenderla... siempre podremos hacerlo mejor, más auténticamente, con más pasión, en una comunión más plena con Jesucristo y su mensaje, con la Iglesia y su depósito de la fe, que son -las cuatro- una misma cosa. Que un cura diga un disparate no es una novedad. Ni es tan grave. En serio. Lo grave es que se le haga caso, (por parte de los  bondadosos fieles, pobres ellos) y se le deje seguir diciendo tonterías (por parte de los pobres obispos, también bondadosos). Todos hemos metido la pata. ...

San José y el sacerdocio

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Esta entrada debería haber aparecido ayer, pero acabé tan cansado, que pensándola me quedé dormido. ¡Bendita vocación sacerdotal! De eso quería hablar, lanzar al viento de la red una pequeña reflexión, por si a alguien le puede ayudar -el primero a mí mismo, que la escribo- San José y el sacerdocio es algo que siempre me da que pensar y siempre me incita a unirlos. Un varón justo, cabal, que sufre la voluntad de Dios en su vida hasta el punto de que se deja moldear por el querer de Dios. Padre, sin ser padre según la carne. Esposo, pero sin ahogarse en la tolva de las pasiones. Un hombre que según la naturaleza se quedó a medias, frustrado... o engañado. Pero según la mirada de la gracia, un abismo de la misericordia de Dios que se repite en cada paternidad, la de los padres de familia, la de los padres espirituales, reflejo de la paternidad de Dios. El velo de misterio que rodea a san José es el que envuelve a todo ministerio de paternidad, y por designio de misericordia divina...