Mi historia de Historia de un alma
Cuando entré al seminario, lo hice con muy pocos libros debajo del brazo. Creo que sólo un par de novelas que tenía a medias y tres libros de espiritualidad: el Nuevo Testamento, el Kempis (una preciosa edición de 1875, comprada en la Cuesta Moyano) y Camino (edición de 1942). No había más, porque no conocía nada más. Pero tampoco iba descalzo. Con los dos primeros se pueden pasar muy bien unos ejercicios espirituales, por nefasto que sea el director. Y el tercero siempre da sorpresas, se abra por donde se abra. Cuando entré al seminario, lo primero que cayó en mis manos fue "Historia de un alma". Lo abrí en la oración de la mañana, y comencé a leer: Historia primaveral de una Florecita blanca, escrita por ella misma y dedicada a la Reverenda Madre Inés de Jesús. Uf... monjíbiris, monjíbiris. Le daremos un voto de confianza. Y seguí leyendo: Me acuerdo también del viaje que hice a Le Mans. Era la primera vez que iba en tren. ¡Qué alegrí...