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Adorar como niños

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Ayer tuvimos, como cada último domingo de mes, hora santa en la parroquia. Durante el otoño-invierno-primavera la hacemos antes de Misa. Pero hace una calor que no se puede aguantar, así que ayer la dejamos para después, cuando el sol entra por los ventanales del evangelio y arrebata en llamas los pobres angelotes que hacen guardia al Espíritu Santo. Como está la Virgen en la parroquia, la hora santa es un continuo ir y venir de gente a saludar a la Señora, a besarle las plantas (literal, una pilistra muy hermosa va a acabar fulminada) y a ingnorar al Ssmo. que está manifiesto, con toda la candelería y un hilillo de incienso que corta los rayos anaranjados de sol. La gente le ignora porque van a algo más importante. Como aquel chiste: Un albañil en lo alto de una bóveda repellando unas grietas rebeldes ve entrar a hacer la visita a la beata de número, enlutada y con arma -rosario- en ristre. Y muy guasón, decide 'quedarse' con la hermana: - Enriqueta... Enriqueta... ...

Dulcísimo Manjar

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Cosa nunca oída ni vista, que hallase Dios manera cómo, subiéndose al cielo, se quedase acá su misma persona por presencia real, encerrada y abreviada debajo de unos accidentes de pan y de vino; y con inefable amor dio poder a los sacerdotes ordenados según la orden de la santa Iglesia romana que, diciendo las palabras que el Señor dijo sobre el pan y vino, hagan cada vez que quisieren lo mismo que el Señor hizo el Jueves Santo en la noche una vez, y con las dichas palabras de la consagración, nos lo trajesen del cielo de entre los ángeles, y nos lo pusiesen entre nosotros, y lo comiésemos como dulcísimo y provechosísimo manjar , y fuese nuestro compañero en los trabajos de este destierro y nuestra defensa entre los peligros; y, finalmente, remedio muy bastante y sobrepujante contra todos los males que nos pueden venir, según David lo vio en espíritu y lo profetizó diciendo: pusiste una mesa delante de mi contra todos los que me atribulaban. Sermon 35, 12.  Del Mtrº. Áv...