Ya es doctor, y dos promesas incumplidas.
Ya es doctor. Parecía un sueño, pero al fín ha llegado. Tengo que reconocer que, en mis años de seminario, me hice fervoroso entusiasta de su doctorado, pero parecía tan lejos... sin embargo, ya ha pasado. Dos cosas prometí y dos cosas he dejado de cumplir: ir a Roma, a ver y oír en directo al Santo Padre declarandole doctor, y quemar el jersey gris marengo de codos rozados. Me explico. Lo de no ir a Roma tiene la culpa (o la suerte) que soy párroco múltiple. Hay que ver qué cosas, conforme están los tiempos, y yo pluriempleado... Me desayuné la proclamación en latín, y las 4 misas 4 del domingo estuvieron trufadas de nostalgia romana. Ains! Lo del jersey sé que choca más. Tiene su origen en una fría mañana de febrero, mañana de cuatrimestrales en el seminario. La mañana se iba desperezando, pero yo no, aunque llevaba mi buena camiseta, camisa de franela y una chaqueta de lana. Sentía frío. ¿Un jersey grueso? Uf, me ahogo... ¿Jersey fino y chaqueta? Parecía razonable, pero só...