El Concilio que me achuchó (II)
El Cardenal Brandmüller se ha descolgado del establishment con unas frases que sólo pueden salir de bocas valientes que no tienen nada que perder. La negrita es nuestra: La eliminación indiscriminada del latín o de los cantos gregorianos, además de la erección de altares cara al pueblo no se pueden llamar frutos del Concilio. Echemos la vista atrás a la falta de sensibilidad en el cuidado de las almas y en el cuidado pastoral de la forma litúrgica. Sólo hay que pensar en unos excesos que evocan la iconoclastia (el Beeldenstorm, la lucha contra las imágenes) del siglo VIII, excesos que catapultaron a numerosos fieles a un auténtico caos y les dejaron sumergidos en la oscuridad. Vamos, lo que muchos católico conscientemente pensamos. Lo que la Iglesia se dió como una bocanada de aire fresco en el Concilio no fueron las distintas revoluciones -que según los revolucionarios que las atentaban eran el espíritu del Concilio- sino volver a encumbrar como principio hermen...